
Hace mucho que no hablamos y ya casi había conseguido lo que tanto quise, olvidarte. Sentada frente a la pantalla no tuve mejor idea que empezar a leer nuestro historial. Entre risas por recordar todas esas conversaciones irónicas que solíamos tener, y asombro por todas esas cosas que nos decíamos. Llegando al final de las conversaciones se callo una lágrima, pero era de una rara mezcla de tristeza y melancolía.
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